¿Qué es una OPV u Oferta Pública de Venta? Guía para inversores

Hay momentos en los mercados financieros que consiguen atraer incluso a personas que normalmente no siguen la bolsa. Uno de ellos ocurre cuando una empresa conocida anuncia que va a salir a cotizar.

De repente aparecen titulares hablando de su valoración, del precio al que se venderán las acciones, de cuánto podrían subir el primer día y, por supuesto, de la posibilidad de estar ante «la próxima gran oportunidad».

Estamos hablando de una OPV u Oferta Pública de Venta.

Para una empresa, una salida a bolsa puede representar un antes y un después. Para sus accionistas, puede ser una oportunidad para vender parte de su participación. Y para nosotros, como pequeños inversores, supone la posibilidad de convertirnos en accionistas desde el comienzo de su etapa como compañía cotizada.

Pero cuidado: que una empresa salga a bolsa no significa que sus acciones estén baratas ni que vayamos a ganar dinero.

Las OPV tienen algunas particularidades que conviene entender antes de dejarnos llevar por el entusiasmo. Así que vamos a analizar qué es una OPV, cómo funciona, por qué una compañía decide salir a bolsa y qué deberíamos estudiar antes de invertir.

 

¿Qué es exactamente una OPV?

Una Oferta Pública de Venta (OPV) es una operación mediante la cual uno o varios accionistas de una empresa ofrecen públicamente una parte de sus acciones para que puedan ser adquiridas por nuevos inversores.

Dicho de forma sencilla: los propietarios actuales venden una parte de la empresa al mercado.

Puede utilizarse como parte del proceso mediante el cual una compañía comienza a cotizar en bolsa, aunque es importante no confundir conceptos.

En una OPV se venden acciones que ya existen, por lo que el dinero obtenido va principalmente a los accionistas que las venden.

Por ejemplo, imaginemos una empresa con 100 millones de acciones propiedad de sus fundadores y otros inversores. Si deciden colocar 25 millones mediante una OPV, esas participaciones pasan de sus antiguos propietarios a nuevos inversores.

La empresa sigue teniendo 100 millones de acciones.

Simplemente ha cambiado quién posee una parte de ellas.

Esta distinción será importante dentro de un momento.

 

OPV y OPS: parecen lo mismo, pero no lo son

En las noticias financieras solemos hablar genéricamente de «salida a bolsa», pero detrás pueden existir operaciones diferentes.

Además de una OPV tenemos la Oferta Pública de Suscripción (OPS).

¿La diferencia?

En una OPS, la compañía emite nuevas acciones y los inversores las suscriben. Por tanto, entra dinero nuevo en la empresa, que puede utilizarse para reducir deuda, financiar adquisiciones, invertir en nuevas fábricas o acelerar su crecimiento.

Supongamos que nuestra compañía anterior tenía 100 millones de acciones y realiza una OPS de 25 millones.

Después de la operación existirán 125 millones de acciones.

El dinero de las nuevas participaciones entra en la compañía.

En una OPV pura, en cambio, uno de los accionistas existentes podría vender 25 millones de sus 100 millones de acciones. El dinero va al vendedor y continúan existiendo 100 millones.

También pueden realizarse operaciones mixtas, combinando OPV y OPS.

Como inversores, esta diferencia resulta muy interesante porque nos permite preguntarnos algo fundamental:

¿Por qué está saliendo la empresa a bolsa y quién está recibiendo nuestro dinero?

No es lo mismo captar capital para financiar un ambicioso proyecto de expansión que permitir que determinados accionistas reduzcan significativamente su participación.

Ninguna de las dos situaciones tiene que ser necesariamente buena o mala, pero cuentan historias distintas.

 

En una OPV cambian los propietarios de acciones existentes; en una OPS se crean nuevas acciones y el capital captado entra en la empresa.

 

¿Por qué una empresa decide salir a bolsa?

Salir a bolsa es un proceso complejo, costoso y que obliga a una compañía a aceptar un nivel de escrutinio mucho mayor. Entonces, ¿por qué hacerlo?

Hay varias razones.

Una de las principales es acceder a financiación. Si la operación incorpora una ampliación de capital, la empresa puede obtener recursos para crecer sin recurrir exclusivamente a deuda.

Otra ventaja es proporcionar liquidez a los accionistas existentes. Fundadores, fondos de capital riesgo o empleados pueden haber acumulado durante años participaciones cuyo valor sobre el papel es elevado, pero que resultan difíciles de vender.

Cotizar crea un mercado para esas acciones.

Además, una empresa cotizada puede utilizar sus propias acciones para realizar adquisiciones, remunerar empleados o captar más capital en el futuro.

Y existe también un componente de prestigio y visibilidad. Salir a bolsa puede aumentar el reconocimiento de marca y facilitar las relaciones con clientes, proveedores y entidades financieras.

Pero a cambio llegan nuevas obligaciones: publicación de resultados, gobierno corporativo, información al mercado y presión constante de accionistas y analistas.

La bolsa abre muchas puertas, pero también coloca a la compañía bajo un enorme foco.

 

¿Cómo funciona una OPV paso a paso?

Una salida a bolsa no consiste simplemente en que el presidente de una empresa pulse un botón y al día siguiente aparezcan sus acciones en nuestra aplicación del bróker.

El proceso puede durar meses.

Primero, la empresa selecciona asesores financieros y bancos de inversión que ayudarán a estructurar la operación.

Después comienza una fase especialmente importante: valorar la compañía.

Se estudian aspectos como sus ingresos, beneficios, deuda, perspectivas de crecimiento, empresas comparables y situación general del mercado.

A partir de ahí se establece normalmente un rango indicativo de precios.

También se prepara el folleto de la operación, un documento que deberíamos conocer si pensamos invertir. En España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores supervisa el marco correspondiente de las ofertas públicas y la información que debe ponerse a disposición del inversor.

El folleto contiene información sobre el negocio, situación financiera, accionistas, riesgos y características de la oferta.

No es precisamente una lectura de playa, pero puede decirnos muchísimo más sobre la inversión que veinte titulares optimistas.

Posteriormente llega el proceso de comercialización entre inversores y recogida de órdenes. Con esa información se determina el precio definitivo y se asignan las acciones.

Finalmente llega el gran día: el debut bursátil.

Y aquí empieza otra historia.

 

El precio de la OPV y el precio en bolsa no son lo mismo

Supongamos que una compañía fija el precio definitivo de su OPV en 20 euros por acción.

Eso no significa que vaya a permanecer en 20 euros cuando empiece a cotizar.

Una vez que las acciones entran en el mercado, manda la oferta y la demanda.

Si existe muchísimo interés, podrían abrir a 23, 25 o 30 euros.

También puede ocurrir exactamente lo contrario.

El mercado podría considerar excesiva la valoración y las acciones caer a 18, 16 o incluso menos.

Esto explica las famosas noticias:

«La compañía se dispara un 30% en su debut bursátil.»

Pero también aquellas otras menos agradables:

«La empresa cae un 20% en su primer día en bolsa.»

Participar en una OPV implica, por tanto, aceptar que el precio asignado antes del estreno y el que el mercado esté dispuesto a pagar después pueden ser muy diferentes.

 

 

¿Cómo se determina cuánto vale la empresa?

Aquí entramos en uno de los puntos más importantes para cualquier inversor.

Que una compañía sea extraordinaria no significa que sus acciones sean una buena inversión a cualquier precio.

Podemos encontrarnos ante un negocio excelente, con crecimiento espectacular y grandes ventajas competitivas, pero si la valoración de salida incorpora expectativas demasiado optimistas, nuestra rentabilidad futura puede resultar mediocre.

Antes de invertir deberíamos estudiar ratios como:

  • Precio/beneficio (PER), si la compañía obtiene beneficios.
  • Precio/ventas.
  • Valor de empresa/EBITDA.
  • Flujo de caja.
  • Nivel de endeudamiento.

Y, sobre todo, compararlos con empresas similares.

Imaginemos que compañías comparables cotizan a 15 veces beneficios y la nueva empresa pretende salir a 35 veces.

Puede existir una explicación perfectamente válida: quizá crece mucho más rápido o tiene mejores márgenes.

Pero necesitamos encontrarla.

Una buena historia empresarial no sustituye a una valoración razonable.

 

El gran problema de las OPV: existe mucha menos historia bursátil

Cuando analizamos una empresa que lleva veinte años cotizando tenemos muchísima información.

Podemos observar cómo se comportó durante una recesión, qué hizo la dirección cuando el negocio atravesó dificultades, cómo evolucionaron sus márgenes o cómo trató históricamente a sus accionistas.

En una recién llegada tenemos mucha menos información como compañía cotizada.

Sí podemos analizar sus cuentas anteriores, pero no sabemos todavía cómo reaccionará el mercado a sus resultados, cuánto fluctuará la acción o cómo actuará el equipo directivo bajo la presión trimestral de los inversores.

Esa incertidumbre merece un margen de seguridad.

 

¿Por qué algunas OPV se disparan el primer día?

Aquí entra en juego una mezcla interesante de valoración, oferta limitada y psicología.

Si la demanda de acciones supera ampliamente la cantidad ofrecida, muchos inversores que no han recibido todas las acciones solicitadas pueden intentar comprarlas una vez comienza la cotización.

El precio sube.

Eso genera titulares.

Los titulares atraen a más compradores.

Y podemos acabar entrando en una dinámica de FOMO (fear of missing out): miedo a quedarnos fuera.

El problema aparece cuando confundimos una subida inicial con una confirmación de que la empresa vale realmente ese precio.

Que una acción suba un 40% el primer día significa que existe mucha demanda en ese momento.

Nada más.

No nos dice cuánto valdrá dentro de cinco años.

 

El periodo de lock-up: un detalle que deberíamos vigilar

Otro concepto interesante en determinadas salidas a bolsa es el lock-up.

Los principales accionistas pueden comprometerse a no vender sus participaciones durante cierto periodo tras la salida a bolsa.

¿Por qué importa?

Porque evita que fundadores, directivos o grandes inversores vendan inmediatamente todas sus acciones después del estreno.

Cuando termina ese periodo, pueden llegar nuevas acciones al mercado si alguno de esos accionistas decide vender.

Eso no significa automáticamente que la cotización vaya a caer, pero es un factor que merece seguimiento.

También observaría cuánto capital conservan fundadores y directivos después de la operación.

Si quienes mejor conocen el negocio mantienen una participación importante, sus intereses pueden permanecer más alineados con los del resto de accionistas.

Si prácticamente todos aprovechan la OPV para salir corriendo, al menos merece preguntarse por qué.

 

Ventajas de invertir en una OPV

No todo son advertencias.

Participar en una OPV puede permitirnos acceder desde una fase relativamente temprana a una empresa que acaba convirtiéndose en un gran negocio cotizado.

También amplía nuestras posibilidades de inversión, especialmente cuando llegan al mercado compañías de sectores que anteriormente tenían poca representación bursátil.

Y una salida a bolsa obliga a la empresa a proporcionar una gran cantidad de documentación que podemos analizar antes de tomar nuestra decisión.

Pero la ventaja fundamental sería simplemente esta: si encontramos un buen negocio a un precio atractivo, puede existir una oportunidad.

Exactamente igual que con cualquier otra acción.

 

Riesgos de invertir en una OPV

El primero es la valoración. Los vendedores quieren obtener el mejor precio posible y nosotros queremos pagar el menor posible. Conviene recordar que estamos sentados en lados opuestos de la mesa.

El segundo es la volatilidad inicial. Durante las primeras sesiones pueden producirse movimientos muy fuertes.

El tercero es la limitada trayectoria como cotizada.

El cuarto es dejarnos llevar por la narrativa. Las salidas a bolsa suelen venir acompañadas de mucha atención mediática y enormes expectativas.

Y existe otro riesgo bastante humano: creer que debemos invertir inmediatamente porque después será demasiado tarde.

No es cierto.

Una empresa que debuta hoy puede seguir siendo una excelente inversión dentro de seis meses, dos años o diez años.

No tenemos ninguna obligación de comprar el primer día.

 

¿Qué debería analizar antes de invertir en una OPV?

Yo empezaría por seis preguntas.

¿Cómo gana dinero la empresa? Si no podemos explicarlo de forma sencilla, probablemente necesitemos investigar más.

¿Es rentable? Si todavía pierde dinero, debemos entender cuándo espera alcanzar beneficios y qué supuestos necesita cumplir.

¿Cuánta deuda tiene? Un balance débil puede convertir cualquier problema operativo en uno financiero.

¿Para qué se realiza la operación? ¿Financiar crecimiento? ¿Reducir deuda? ¿Dar salida a accionistas?

¿Cuál es la valoración? Aquí debemos comparar con compañías similares y con las perspectivas reales de crecimiento.

Y finalmente:

¿Compraría esta empresa al mismo precio si llevara diez años cotizando y nadie estuviera hablando de ella?

Esta última pregunta elimina bastante ruido.

 

 

OPV no significa oportunidad

Probablemente esta sea la idea más importante del artículo.

Cuando una empresa sale a bolsa existe una enorme maquinaria alrededor del proceso: bancos, asesores, analistas, medios y campañas de comunicación.

Todo eso genera atención.

Pero atención y rentabilidad no son sinónimos.

El pequeño inversor debería analizar una OPV exactamente igual que analizaría cualquier otra compañía: negocio, ventajas competitivas, deuda, crecimiento, generación de caja, equipo directivo y valoración.

La diferencia es que, además, debemos comprender quién vende, cuánto vende y por qué.

 

Conclusión: compra empresas, no estrenos bursátiles

Una OPV puede ser una excelente oportunidad para descubrir nuevas compañías y participar en su crecimiento como empresas cotizadas.

Pero no deberíamos invertir simplemente porque estamos ante «una salida a bolsa».

Una Oferta Pública de Venta es, en esencia, una transacción: alguien quiere vender acciones y nosotros estamos considerando comprarlas.

Nuestra tarea consiste en averiguar si el precio tiene sentido.

No necesitamos acertar cuánto subirá la acción mañana. Necesitamos analizar cuánto puede valer el negocio dentro de varios años y qué riesgos asumimos para llegar hasta allí.

Si después de estudiar las cuentas, el folleto, la valoración y las perspectivas creemos que existe margen de seguridad, podremos valorar invertir.

Y si no lo vemos claro, podemos hacer algo que en bolsa está tremendamente infravalorado:

no hacer absolutamente nada y esperar.

Porque las buenas inversiones no desaparecen necesariamente después del primer día de cotización. Y cuando hablamos de nuestro dinero, perderse una oportunidad suele ser mucho menos peligroso que entrar precipitadamente en una mala.

 

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